miércoles, 1 de diciembre de 2004

De caminata por la sierra de Madrid.

Después de aguantar durante un par de años a mi doctora decirme que tenía que hacer ejercicio y dejar la vida sedentaria llevo dos meses saliendo a caminar por la sierra de Madrid un día por semana. Estos cambios suelen ser muy habituales en mi, me puedo tirar años sin hacer caso de algo y de repente doy un giro de ciento ochenta grados. La verdad es que viene muy bien y desde que hago ejercicio me siento bastante mejor.

El caso es que este martes pasado decidí salir a dar mi paseo semanal por la zona de los montes de Malagón, más concretamente a recorrer parte del GR-10, un sendero de gran recorrido que parte de Valencia y cruza la península Ibérica de este a oeste hasta llegar a Lisboa. El tramo que recorrí parte del puerto de Guadarrama , quizá más conocido como del León, hasta el Escorial. Ya que suelo salir solo a la montaña y dejé el coche en el aparcamiento del restaurante de este puerto, no podía realizar el recorrido integro, siendo éste lineal, y decidí caminar hasta la mitad aproximadamente y retornar al puerto.

La salida de esta semana no tenía nada de especial, salvo un poco de nostalgia, ya que fue el primer recorrido de montaña que realicé en el año 81, con apenas 12 añitos de edad, y me traía muchos recuerdos, no todos buenos. Pero el resultado es que casi me tiene que ir a buscar el mismísimo Lobatón :)

Comencé a caminar entrado el medio día, como suele ser mi costumbre, a eso de la una de la tarde, y la idea era estar de vuelta sobre las cinco o las seis, antes de la llegada de la oscuridad. El primer punto de destino de mi caminata era el mirador de cabeza Lijar. Este mirador, situado a 1823 metros de altura y con un refugio en su parte inferior, es un escaparate estupendo desde donde admirar gran parte de la sierra de Guadarrama y un vértice donde se juntan las provincias de Madrid, Ávila y Segovia. Su ascensión no tiene una dificultad muy alta salvo por los repechos que te exigen un sobre esfuerzo. Llegado a su cumbre, y después de admirar el paisaje y tirar unas cuantas fotos, repuse fuerzas con un par de sandwichs y reemprendí mi camino.


Impresionantes vistas desde cabeza Lijar.


Un suave descenso en dirección al collado de la Mina se antepone a la subida al refugio de la Salamanca, mi siguiente punto del recorrido. Desde el collado el sendero está claramente marcado y no presenta ninguna dificultad. Éste refugio está en un estado de suciedad deporable, además de tener la cubierta deteriorada, con lo cual en días de lluvia debe ser un auténtico coladero. Cinco minutos de parada y a seguir caminando.


Equinos en el collado de la Mina.


Con la vista en el risco Polanco, al cual rodea por su vertiente izquierda el sendero GR-10, yo decidí pasar por la ladera derecha, y volver por la del sendero, por variar un poco el paisaje. Y fue un acierto. Siguiendo un sendero poco marcado llegas a una gran cantidad de restos de la guerra civil: trincheras, parapetos, puestos de mando, nidos de ametralladora... en buen estado de conservación. Es impresionante apreciar las vistas que tenían desde sus trincheras las personas que defendían las posiciones. Siguiendo por este sendero vamos a parar a una alambrada y tomándola a mano izquierda nos retorna al GR-10.


Restos de la guerra civil.


Aquí cometí mi fallo. Me debería haber dado la vuelta, pero la claridad del día me engañó y comencé a subir por el cerro Carrasquera en dirección al refugio que lo preside, muy similar en su construcción al de la Salamanca. En cuestión de minutos ,poco antes de llegar al refugio, se hizo de noche y estaba a unas tres horas de camino del coche y para más incordio me quedé sin reservas de agua. No hay una fuente ni un arroyo en todo el recorrido, salvo al inicio del mismo.

Comencé el camino de vuelta, y parece que cuando te falta algo más lo deseas, ya que la sed se hizo acuciante. Por suerte en las zonas de sombra se conservaban restos de la nevada de días anteriores en forma de hielo, lo que aproveché para hidratarme. Con una navajita corté varios bloques para ir consumiendo en forma de helado. La verdad es que no entiendo como no estuve con descomposición unos cuantos días.

Mi única preocupación era no dejar el sendero, ya que en ese caso podría perderme y aunque, aún de noche, hay buenas referencias visuales en la zona, las sombras engañan mucho y no quería arriesgarme. Así que con mucho cuidado de no extraviarme seguí caminando en la oscuridad hasta retornar al refugio de la Salamanca. Éste era el tramo más complicado de todos por mi desconocimiento del mismo, ya que a la ida si recordais había rodeado por el lado contrario.

Una vez en el refugio todo se simplificó mucho. Descenso al collado y aquí en lugar de subir al mirador tomé la pista forestal que lleva, zigzagueando, al puerto. No hay pérdidas. Sobre las nueve de la noche llegué al coche, refresquito en el restaurante que me sentó muy bien y regreso a casa donde me metí en la bañera para relajar mis doloridas piernas. La ruta la hice en bastante más tiempo del necesario, pero las vistas que se disfrutan a lo largo de toda la caminata son impresionantes y en más de un lugar me detenía a admirarlas durante largos minutos.

Os dejo un enlace a una página muy buena sobre senderismo, con rutas muy bien comentadas, en la cual bebo bastante a la hora de hacer mis salidas: Trotamontes.
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